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COMO EL MAR

Foto del escritor: Daniel Martinez Hernández
Daniel Martinez Hernández
22 jul 2023
3 min de lectura

Actualizado: 30 jul 2023


Dentro de una pecera, circular como pelota. Habitaba una familia de pequeños peces Betta; que de colores bastaban, eran tantos que no sabía lo que se contaba.


Una era llamada Jolly, tan pequeña como cualquiera en pleno crecimiento, pero, tan grande en habilidad, ella quería nadar y nadar, buscaba comprobar lo mucho que podía llegar.


La pequeña Betta, nado y nado, tan lejos alcanzo que despistada quedo, pues nadó tanto, que de vista pasó, al tanto que no supo cómo llegó.


Jolly preocupada pensó.

—¿En dónde estoy, qué haré sola tan lejos? sin saber cómo regresar— ya preocupada exclamó.


Pues la pobre pequeña olvido hasta donde llegó, inquieta pensó.

Si logro recorrer lo mismo podré regresar.


No sería tarea fácil, ya la luz se quedaba corta, ella sola quedaba y asustada temblaba.


Jolly hizo de gran esfuerzo su recorrido…

De repente entre rocas y algas, algo se asomaba, pues una red la alcanzaba.


Una persona la tomaba, a la luz llegaba, asustada exclamaba; —De que manera estoy rodeada— pues Jolly estaba siendo arrebatada, de su familia, fue quitada.


Confundida exclamaba.

—El océano no es como me lo platicaban— temblando respingaba.


Jolly fue puesta en una pecera más pequeña, pero muy bien decorada, entre castillos y piedras fue cobijada.

No comprendía porque fue movida de su familia, estaba muy triste, a su mamá recordaba.


Miro detalladamente las paredes de su nueva casa, pues logró ver que estaba acompañada, un centenar de peceras eran colocadas, en un acuario se encontraba.

Cerca de su pecera, ella miraba, inquietamente se preocupaba, pues sola estaba.


Una pequeña niña se le acercó mirándola por el cristal tocaba, Jolly no sabía que pasaba.


—Mira mamá, que hermosa es, de morado pintan sus escamas, como mi cabello y mis almohadas— mencionaba una niña muy entusiasmada.


Una persona de gran tamaño a Jolly recogía nuevamente, pues casa nueva ya tenía.

Transportada ella se movía, inquieta se sentía.

Al llegar a una pecera mil veces más grande que de donde ella salía, encantada de lo que veía, al ser puesta nadando recorría.


De castillos no hablaremos, pues, las piedras de colores sobresalían, unas plantas grandes y verdes tenía, burbujas acompañaban a Jolly en su pecera, ella se divertía.


Unos días después, otro pez Betta, llegó a casa, un poco más grande que Jolly, macho era lo que veía.

La pequeña niña, lo puso dentro de la pecera, de felicidad los veía, pues pareja ya tenía.


Jolly muy asustada, escondida se metía, hasta las piedras se caían, un pez de color rojo exploraba el lugar, veía que no era el único presente en la pecera, pues ya lo presentía.


Justamente al cruzar una montaña de rocas, encontró, comenzando una persecución amplia por toda la pecera, ella acorralada se sentía, pues el pez Betta rojo, no le parecía.   


Jolly intento seguir nadando para escapar de alguna anomalía, hasta que salvada fue por la pequeña, que de una red la recogía, asustada no entendía.

—¿Por qué no se quieren llevar?— Si son idénticos, le parecía.


Lo que la pobre pequeña desconocía; es que los peces Betta, suelen ser territoriales y solitarios, pues, su naturaleza era esa, aquello era lo que merecía.


Jolly fue puesta en otra pecera más pequeña, ella triste parecía, pues nuevamente fue quitada de su hogar que ya quería.

Con el paso de los días, más sola se sentía, y además se aburría, pues ella quería regresar a ver qué, era lo que quería aquel pez rojo que, la perseguía.


La duda la carcomía, pues ella solo lo veía, igualmente se encontraba, aquel pez rojo.

Un día flotando lo veía, pues ya no se movía, permanecía inmóvil en la superficie, Jolly nadando rápidamente intento llamar la atención de la pequeña, pues en su habitación no la veía.


Más tarde la pequeña, desconsolada entró con su madre, llevándose al pez rojo nuevamente en una pequeña caja, que entre lágrimas se oía.

Jolly imagino que se había cansado de nadar tanto y regresaría.


Unos meses después Jolly fue puesta de vuelta en su pecera, sola ya no estaba, compañia ya tenia, más peces veía, de alegria se movían, pues entre tantos colores ella se sorprendía, péqueños y grandes peces amistosos la seguían, sin querer hacerle daño, Jolly feliz se sentía.


Jolly logró ver que estar acompañada no era tan malo, pues confundida ya no se sentía, entendió que las amistades ayudan a sentirse mejor y que con ayuda de los demás podría encontrar un disfrute de experiencias.


A veces pensamos en huir de algo que desconocemos, pero debemos de enfrentarlo, para aprender aquello que el destino nos tiene preparado, sin embargo, nunca será tarde para volver a intentarlo.



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