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MANGO EL GATO

Foto del escritor: Daniel Martinez Hernández
Daniel Martinez Hernández
17 jul 2023
2 min de lectura

Actualizado: 30 jul 2023


Un gatito pequeño abandonado se encontraba, en un campo de fútbol estaba, triste temblaba, pues frío le daba.


Logró sobrevivir con ayuda de una ancianita que lo encontró merodeando cerca de su portón, que con ayuda lo rescató.


Doña Carmen cuido y alimento a Mango, ella misma lo nombró de esa forma; por su peculiar color amarillo y pelos alterados.


Carmen era una persona de la tercera edad, que vivía sola, le pareció buena idea adoptarlo, pues le haría compañía.


Creció y con el paso de los años se dio cuenta que Carmen cada vez podía hacer menos cosas.

Mango cuidaba de ella, lamia delicadamente su mano, cuando estaba dormida. Siempre que perdía su bastón, sabía como guiarla para encontrarlo.


Doña Carmen solía ver por su balcón, cómo jugaban fútbol, Mango siempre la acompañaba, teniendo un lindo momento para descansar.


Mango ronroneaba, inclinando su cabeza cerca de su mano para seguir siendo acariciado.

Era un gato muy inteligente, pero seguía siendo un animal, que por naturaleza no podía aunque quisiera, pues, sus pensamientos llegaban más allá de lo creíble, se imaginaba corriendo en el pasto de la cancha frente a su hogar.


Adoraba dormir cerca de Carmen, el mismo volaba en sus pensamientos, un sueño tan profundo que lo hacía creer que todo era posible. Dormía y dormía, el volando seguía.


Mango en uno de sus sueños, llegó a correr tanto que cada salto que daba, crecía, logró tener gran tamaño para poder llevar a su dueña encima.


En sus sueños Carmen disfrutaba tanto la compañía de Mango que su sonrisa era de tal tamaño que; ¡su dentadura se salía!


Un día como cualquiera,  tosió de gran manera que a Mango de un salto lo regresó con alegría.

Entre risas Carmen sonreía.


Ella sabía lo que tenía, lo cual ella temía, por ello a Mango despedía.


—Mi gatito hermoso— le decía acariciando su carita.


Se recostó en su panza, ronroneando se sentía. En un sueño profundo cayó de alegría, pues regresaba a volar en compañía.


Mango en está ocasión logró ver cómo podía atravesar las nubes con su dueña, el claramente veía, cómo se divertía.

Solía disfrutar el soñar; nada le hacía más feliz que descansar, pero un día, fue despertado nuevamente con gran susto, un hombre de gran tamaño de una caricia lo movía.


—Gracias Gatito por cuidar de mi madre hasta su último día—

Le mencionaba el hijo de Doña Carmen.

Mango no sabía que pasaba pues gente de blanco veía, ella estaba siendo movida. Con maullidos él se retorcía, pues no comprendía.


La vida le enseño a Mango que aún cerrando los ojos, cuando de verdad queremos a una persona, siempre vivirá sonriendo en nuestros sueños.

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